La Extraña Criatura De La Fábrica

La Extraña Criatura De La Fábrica

La Extraña Criatura De La Fábrica

Cuando era niño, con tal vez ocho años, acudía cada fin de semana a la iglesia más cercana para tomar el catecismo, algo muy común para quienes crecemos en familias católicas, sin embargo, era un niño de ocho años que no podía permanecer sentado por horas leyendo la biblia o aprendiendo acerca de ella, por esa razón una mañana, mientras nos dirigíamos a los salones de estudio, decidí esconderme entre las bancas de la iglesia creyendo que podría librarme por un día de tener que repasar una y otra vez versículos. Una vez que todos se habían ido, salí de mi escondite dispuesto a explorar hasta el último rincón de la iglesia, no hace falta describirla, pues estoy seguro de que saben perfectamente como es, un lugar amplio, con arte sacro por doquier, en donde cada paso hace eco.

Decidí ir directamente al frente del lugar, en donde el padre daba la misa, y tal vez encontrar un par de obleas y vino solo para probar.

Una vez ahí dirigí la mirada hacia la entrada de la iglesia que permanecía cerrada, sin embargo, en un costado se hallaba un hombre de mediana estatura, con ropas blancas, a quien no pude verle el rostro, pues estaba parado frente a un cuadro con las manos en posición de rezo, por alguna razón su presencia no me provocó miedo alguno, pero sentí un fuerte escalofrío cuando una mano se posó sobre mi hombro derecho.

Tan solo era el monaguillo del lugar quien había sido enviado a buscarme cuando no me presenté en el pase de lista, cosa que por supuesto no consideré en mi maravilloso plan. En ese entonces no le di la importancia que ahora le habría dado, y jamás hablé con nadie de aquella inusual aparición.

Ahora con 23 años trabajo los fines de semana realizando fumigaciones, los sitios a los que suelo ir son fábricas, sitios enormes, llenos de máquinas, con altares por doquier y mucho eco.

En cierta ocasión, mientras me dirigía a una de las zonas más alejadas, un guardia me interceptó para advertirme de los sustos que en ese lugar se dan, por supuesto que este trabajo está lleno de eso, ir siempre a sitios solitarios te enseña a llevar los audífonos con la música muy alta para evitar escuchar, y mantener la mirada baja si es que no quieres ver rostros asomándose por entre las máquinas. Supongo que en ocasiones es únicamente la soledad del trabajo la que nos hace creer que vemos o escuchamos ciertas cosas. Al ser sitios a los que voy periódicamente, tengo mis zonas preferidas y las zonas en las cuales intento no tardar demasiado

Ese día en particular las cosas cambiaron, a pesar de ser un sitio al que había ido docenas de veces, al entrar a cada zona, se sentía una energía pesada, por decirlo de alguna forma. La música alta no impedía escuchar voces detrás y mantener la mirada baja, no evitaba que viera o creyera ver rostros y sombras a cada paso, había algo distinto, tal vez la semana fue diferente, tal vez precisamente ese día me encontraba más perceptivo, o tal vez algo iba por mí. Al menos eso fue lo que creí en ese momento.

Decidí comenzar por la zona que más intranquilo me pone, para entrar debo empujar un pesado portón corredizo, el cual siempre intento abrir completo, pues los fines de semana no hay luz dentro de la fábrica, y todo está a oscuras de no ser por la luz solar que logre entrar.

La fábrica está llena de máquinas y con un altar en la parte izquierda, se convirtió rápidamente en una casa del terror, necesitaba salir de ahí lo antes posible, pero debía cumplir con el trabajo, al ser monitoreado por las cámaras es impensable dejar el sitio a medias, así que mientras hacía el trabajo y sentía todo lo antes descrito, miré hacia el costado, bajo el altar, un hombre de mediana estatura con ropa blanca se encontraba hincado rezando, me transporté inmediatamente a aquel momento dentro de la iglesia a los ocho años, aunque fue prácticamente como un destello, era justamente lo que había visto, sabía que era la misma presencia, sin embargo, dejé de sentir miedo, creía que si se encontraba rezando ante un altar significaba que era algo o alguien bueno, y la verdad es que eso esperaba.

Al continuar trabajando en el resto de zonas de lugar comencé a relajarme, pero creo que ese fue mi mayor error, creer que estaba a salvo.

En ese día, aquella aparición no fue la única que vi, conforme avanzaba la tarde, la poca luz solar que había, comenzaba a desaparecer, en ese punto es necesario utilizar linternas para poder continuar con el trabajo, pero al haber olvidado la mía, tuve que usar la del celular, mismo que coloqué en un bolsillo del overol que se encuentra a la altura del pecho para poder alumbrar mi camino y sobre todo evitar caer. Mientras avanzaba, entre las sombras, volví a ver la misma presencia frente a otro altar, esta vez no fue solo un instante, permaneció ahí durante varios segundos, tiempo suficiente para que esta cosa volteara hacia mí, momento en el cual noté que su rostro estaba vacío, sin ojos, sin boca, sin nariz, era únicamente piel sin forma alguna. Justo en ese instante me congelé, sentí pánico, aquella tranquilidad que había sentido tras la primera aparición no existía más.

Esta figura, que estaba seguro no significaba algo bueno, desapareció en un parpadeo.

Quiero mencionar que no podía creer nada de lo que estaba pasando, había sucedido todo tan rápido, tan extraño que no sabía qué hacer al respecto. Bajé de mi espalda la máquina que uso para trabajar y la puse en el suelo torpemente, corrí tan rápido como pude a uno de los accesos a la fábrica para buscar a algún guardia y reportar que tal vez alguien había ingresado. No quería creer que realmente era algo sobrenatural, sin embargo, no me fue posible encontrar a nadie.

Me dirigí a todos los accesos cercanos, y ningún guardia se encontraba en su lugar, tampoco podía encontrar a mis compañeros. Mi respiración se comenzó a acelerar, más allá de la idea de haber visto lo que había visto, la idea de estar completamente solo y de noche en un lugar que me provocaba miedo, era lo que más me preocupaba. Decidí correr a unos sanitarios cercanos para intentar lavarme la cara y tranquilizarme, creí que eso era lo que necesitaba para aclarar mis ideas y pensar en que podría hacer, pero ahora me doy cuenta de que ese pudo haber sido el último error que cometería en mi vida.

Justo en la entrada de los sanitarios, en una pequeña área común que divide las entradas al sanitario de hombres y al de mujeres, la oscuridad pareció por un momento mucho más oscura de lo normal, no sé cómo describirlo, pero era atemorizante la sola idea de entrar, traté de alumbrar con mi celular, pero los nervios hicieron que se me cayera de las manos, al agacharme para recogerlo, sentí un fuerte golpe en la espalda que me hizo caer de frente, Voltee rápidamente para iluminar, pues tras la caída conseguí aferrarme a mi celular y a la poca luz que me ofrecía, pero, no había nadie, nadie estaba ahí, nadie pudo haber pateado, quise hacerme creer que tan solo había sido un dolor muscular por la fatiga del trabajo, pero al intentar ponerme de pie, una voz desde el interior de los baños me llamó por mi nombre, no era una voz normal, más bien fue como un susurro, pero me hizo estremecer, quien estaría ahí completamente a oscuras y por qué.

Me llamaba, quería ponerme de pie, pero las piernas no me respondían, ni siquiera podía gritar porque la voz simplemente no salía de mí, todas las oraciones que aprendí durante mis días en el catecismo se habían esfumado de mi memoria, y sentía tanta impotencia por no poder hacer nada, el miedo me había paralizado por completo.

En cuanto logré tranquilizarme y comencé a controlar mi respiración, me arrastré hacia la pared, quería apoyarme de ella para ponerme en pie, para evitar otro golpe, poco a poco iba subiendo, y algo dentro de mí decía que debía alejarme de esos sanitarios de una vez por todas, pero simplemente no podía, solo estaba ahí, parado tratando de hacer algo, pero mientras más tiempo pasaba, más pensaba en las apariciones, en la voz ahí dentro, en aquella sensación tan rara dentro del lugar.

Recibí una llamada, mi madre me estaba llamando, y precisamente esa llamada fue la que me sacó de ahí, ni siquiera fui capaz de contestar, pero me dio el valor para comenzar a correr tan rápido como pude.

Afuera había luces, estaba un guardia escuchando música, y mis compañeros esperándome, tenían la máquina que había dejado tirada tiempo atrás, y estaban listos para que nos fuéramos. No dije una sola palabra en el camino, mi por varios días, y sentía miedo cada vez que apagaba la luz.

Un mes después tuve que volver al mismo sitio, me convencí a mí mismo de que había sido el cansancio lo que me hizo creer que había pasado todas esas cosas, creía imposible que algo tan real y tan vívido me hubiera ocurrido. Cuando las personas cuentan sus experiencias paranormales generalmente solo son ruidos extraños o sombras que pasan, pero lo mío fue algo tan real, incluso tuve varios días un moretón enorme en la espalda, cosa que asocié con que tal vez la máquina me había lastimado. Eso era lo que quería creer, y no que había recibido una patada de un ser desconocido.

Pese a que regresé a trabajar al mismo lugar, ya no me a pasado nada raro desde esa ocasión, siempre trato de no quedarme solo trabajando, pero cuando ocurre, entro en un gran pánico, me mantengo alerta.

Siento que en cualquier momento, el ser que me atacó, lo volverá hacer, y esta vez, probablemente no la cuente.

 
Autor: Andrea Lezama
Derechos Reservados

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