La Deuda con el Brujo Historia de Terror

La Deuda con el Brujo Historia de Terror

Siempre recordaré a mi Papá de dos formas, una de ellas de cuando yo era pequeño, era una persona bastante cariñosa, muy amorosa, jugaba mucho con nosotros, e incluso con mi Mamá siempre se le veían enamorados. Y la otra forma es cuando yo ya era más grande, era una persona violenta, que a todo mundo peleaba, y a mi Mamá la llego a lastimar La Deuda con el Brujo Historia de Terror.
De pequeños, tuve la fortuna de tener siempre a mis dos Padres a nuestro lado, entre mi hermano y yo buscábamos mucho a Papá para salir al parque a jugar Futbol. Jamás supe en qué trabajaba mi Papá, el punto es que siempre tenía el tiempo para nosotros, siempre lo veía bastante relajado.
Un día nos encontrábamos en casa mirando la televisión, lo recuerdo bien, se trataba de un domingo, todos nos encontrábamos en casa, sin embargo, fue de las primeras veces que note como mi Papá se encontraba nervioso. Yo lo veía sentado y su pierna la movía constantemente, la ansiedad trataba de salir de algún modo. Mi Mamá se dio cuenta de este comportamiento a lo que le preguntaba qué sucedía, mi Papá la evadía cambiándole el tema o ignorándola. Ya era tarde noche y mi Papá se veía más tranquilo, incluso ya bromeaba más con nosotros, fue cuando el timbre de la casa se escuchó y su semblante cambió.
“No abran la Puerta” – Fue lo que nos dijo a todos, se quedó callado y nuevamente sonó el timbre, se acercó, rápidamente abrió y salió para recibir a la visita.
Solo pude escuchar como mi Papá molesto les reclamaba, les decía varias cosas, sin embargo, jamás escuché a la otra persona decir algo. Pasaron un par de minutos y mi Padre entro con algo en brazos, se encontraba cubierto por algo que parecía ser bolsas negras, subió a la recámara de ellos y mi Mamá lo siguió.
Toda la noche ambos discutieron, mi hermano y yo nos veíamos ambos mientras escuchábamos, los gritos de mi Papá y de mi Mamá, no sabíamos qué pasaba. Quise aventurarme a preguntar qué sucedía, me acerqué al cuarto de mis Padres y abrí la puerta, allí se encontraban los dos discutiendo uno a cada extremo, y sobre la cama, había un frasco de plástico con lo que parecía ser adentro un gallo negro, pude ver chiles metidos también, me pareció algo raro eso que vi, mi Papá cerro rápidamente la puerta en mi rostro.
Le platiqué a mi hermano lo que había visto, como era el más chico, me creyó sin cuestionarme nada, fue cuando a los pocos minutos mi Papá salió del cuarto y se acercó con nosotros. Allí fue cuando me entere del trabajo de mi Papá.
Se dedicaba a hacer las compras, encargos y entrega de mercancía de un “Curandero”, así fue como lo llamo al principio, pero conforme nos contaba todo, la palabra Curandero fue cambiando a Brujo. Lo había conocido cuando mi Papá era más joven, el Brujo necesitaba de material y mi padre era el que lo conseguía. Cuando el Brujo necesitaba algo, mi Papá lo encontraba, cuando el Brujo necesitaba entregar algo a algún cliente, mi Papá lo llevaba. Y ese domingo, al parecer a nuestra Casa fueron a entregar un Paquete, el cual mi Papá siempre se había negado que lo dejaran donde vivíamos. Nos prometió que sería la última vez, sin embargo, no fue así, al principio fue un paquete por semana, mi Papá lo recibía siempre, pero después los paquetes llegaron más de cuatro veces por semana que por mientras que mi Papá entregaba, mi Mamá siempre los recibía. La instrucción de mis Padres siempre fue que no viéramos que era lo que venía oculto. Hasta que un día mi Papá se cansó. Llego un paquete, él lo rechazo, aun así, el paquete lo dejaron a la entrada de la casa, pero mi Papá lo ignoro, duro allí fuera de la casa un par de días, quizás mi Papá esperaba que alguien se lo llevara, pero jamás paso, hasta que él lo tomo y cuando pasaba el camión de la basura lo arrojo adentro. Creo que allí comienza la otra forma en la que recuerdo a mi Padre.
Su comportamiento cambió, recuerdo que entre a su recámara con el balón en mano, y pregunté si quería salir a jugar, él se encontraba sentado su sillón mirando hacia la oscuridad, verlo allí fue intrigante, no sabía que buscaba en el rincón más oscuro, le volví a preguntar si quería salir a jugar, me miro, su mirada se veía cansada, ojerosa, se veía con más arrugas. Me pregunto que, si creía en Dios, eso me desconcertó, a lo que le conteste que si, como todos en la casa. Su rostro expreso una leve sonrisa que se apagó inmediatamente.
“Lárgate de mí vista” – Me dijo, ¡yo no daba crédito a eso que me dijo, fue cuando me lo grito con mayor intensidad – “! LARGATE DE MI VISTA!”
Salí del cuarto bastante molesto, mi Mamá solo me veía fracasar en mi intento.
A la casa ya no llegaron más Paquetes, sin embargo, cada vez que sonaba el timbre mi Papá se inquietaba mucho más. Las visitas que llegaban, mi Papá era bastante grosero con ellos, que ya no regresaban más, hoy en día aquellos amigos de hace años dejaron ya de frecuentarnos.
Pasaron algunos años, y un día, mientras que nos encontrábamos haciendo la tarea en el comedor, el timbre sonó, mi Papá de algún modo presentía que algo no estaba bien, se encontraba justo parado en la puerta y no quería abrir, el timbre seguía sonando, mi Mamá se acercó para abrir, pero un fuerte manotazo hizo que mi Mamá se alejara. Yo estaba asustado, era la primera vez que mi Papá se comportaba así con Mamá. El timbre seguía sonando y mi Papá no habría, fue cuando comenzaron a tocar la puerta.
“! ¡No te permito entrar!” – Dijo mi Papá, acto seguido abrió y salió rápidamente, no había forma de que supiéramos quien era, yo me encontraba ayudando a mi Mamá, mi hermano aún estaba sentado temblando de miedo. Al cabo de unos segundos, mi Papá entro a la casa, se encontraba pálido, como si hubiese visto un fantasma, rápidamente subió a la recámara ignorando a mi Mamá que aún se sobaba su mejilla.
Es difícil decirlo, pero, aunque viviéramos en la misma casa, no vi a mi Papá por varios días, mi Mamá dormía con nosotros, decía que temía a mi Papá, pero creo que no solo había sido por aquel golpe que le dio, creo que había algo más a lo que mi Mamá le temía.
Un día por la noche, me levanté al baño, Mamá dormía en la cama de mi hermano, no prendí la luz para no molestarlos. Justo cuando estaba por llegar al baño, vi como la habitación de mis Padres se encontraba abierta, tenía mucho que no veía a mi Papá, quería verlo, ya casi no recordaba su rostro, me acerque y abrí un poco más la puerta, el rechinido de las bisagras hicieron notar mi presencia, vi a mi Papá sentado en su sillón mirando hacia un rincón oscuro, pero había algo inquietante, algo me generaba pavor al estar allí, todo estaba oscuro, podía ver a alguien más parado detrás suyo, era bastante alto, su cabeza casi llegaba al techo, creo que se encontraba con una capucha puesta, no lo recuerdo bien pues su contorno se perdía en la oscuridad, pero lo que me asusto más, fue ver sobre el hombro de mi Papá el esqueleto de una mano como si lo sujetara para que no se fuera. Salí inmediatamente de allí.
A la mañana siguiente, después de mucho tiempo mi Papá salió de la habitación, no nos habló a nadie, traía puesto solo sus pantalones, se encontraba descalzo, y la barba de varios días ya había reclamado parte de su rostro.
“¿A dónde vas? “Pregunto mi Mamá al ver que abría la puerta y salía, pero no tuvo respuesta.
Mi hermano y yo estudiábamos en la misma escuela, en distinto grado, y mientras yo me encontraba en clase, la Maestra directora llego a mi salón con mi hermano tomado de la mano, me pidió que tomara mis cosas y la acompañara, lo primero que pensé fue que mi hermano había hecho algo, pero fue algo que no me esperaba. Una de las hermanas de mi Mamá se encontraba en Dirección llorando, al vernos nos abrazó a ambos, tomo nuestras cosas y nos sacó de la escuela. En el camino ella nos contó que mi Papá había regresado cubierto de sangre, llego a buscarnos, pero solo encontró a mi Mamá en casa, a lo que se descontroló lastimándola, ocuparon de varios vecinos y policías para detener a mi Papá, no sabían cómo alguien de un cuerpo tan delgado, había adquirido tanta fuerza. Llegamos a casa, una ambulancia se acababa de ir, mi Papá se encontraba la patrulla en la parte trasera, su cabeza estaba recostada sobre el asiento del copiloto, lo vi, más no sabía que decirle, fue cuando me miro, sus ojos estaban rojos, sus pupilas estaban dilatadas, el vidrio de la patrulla estaba levantado a lo que comenzó a golpear con su cabeza el mismo, cada vez era más intenso hasta que lo logro astillar de un fuerte cabezazo. Me miro y me dijo…
“Ella vino por mí, mañana yo ya no estaré” – Los policías se habían dado cuenta de lo que había pasado a lo que terminaron amarrándolo.
Papá falleció al día siguiente en su celda, mis Tíos hicieron todo el trámite, pues mi Mamá aún estaba recuperándose en el Hospital. Cuando me contaron que él había fallecido, sentí mucha tristeza, aun así, pero hubo algo que mis Tíos me preguntaron, algo que me desconcertó mucho. Me preguntaron si teníamos en casa algún animal grande, quizás un perro de esos grandes, a lo que negué completamente. Pregunte por qué, pues al parecer habían encontrado marcas en el cuerpo de mi Papá, cortadas, como si se hubiera enfrentado a un animal grande, la marca de un arañazo en su pecho era la sangre que traía consigo. Pero lo que más desconcertaba era la marca de una mano en su hombro, como si esta hubiera estado a un rojo intenso, dejando una marca como las que les ponen a los ganados.
Pasaron un par de semanas, mi Mamá ya casi salía del Hospital, nos iríamos a vivir con mis Tíos hasta que pudiéramos recuperarnos de todo lo que vivimos, yo ya necesitaba más ropa y mis cosas, a lo que le pedí a mi tío que me llevara a mi casa, él accedió, y cuando llegamos me comento que esperaría afuera.
Subí a mi habitación, tome una mochila grande, no solo metí cosas mías, también de mi hermano, juguetes, útiles, lo que alcanzara a caber. Fue cuando escuche ruidos provenientes de la habitación de mis Padres, la puerta crujió un poco pues se movía ligeramente, como si una corriente de aire la hubiese empujado ligeramente, tome la mochila, y me acerque, pensando en que mi Mamá ocuparía también cosas para ella, todo estaba oscuro, las cortinas estaban cerradas, trate de encender la luz, pero no pasó nada, recordé que nos habíamos ausentado, quizás nos habían cortado la luz. Allí en ese instante, vi como una sombra crecía hasta el techo y se encaminaba al sillón de Papá, y justo allí mirando hacia un rincón oscuro, mi Padre, estaba allí sentado. Quede congelado, no era posible, mi Papá estaba muerto y yo lo tenía justo frente a mí. Aquella sombra se acercó a un lado de mi Papá y el esqueleto de una mano lo tomo del hombro.
“Tu Padre tiene una deuda conmigo” – Dijo una voz en la habitación, voltee a un lado y sentado en una silla al lado de la cama un hombre me observaba, con una mano jalaba su barba, mientras que con la otra sostenía un cráneo.
“Mientras que no sea pagada esa deuda, tu Padre no descansara en Paz” – Me dijo al ver que yo aún le veía atentamente. Levanto el cráneo de su mano y lo giro levemente, al mismo tiempo mi Padre giro su cabeza. Salí rápidamente de allí, no quería voltear atrás, podía sentir la mirada de aquel brujo siguiéndome mientras salía de la casa y subía al carro de mi Tío.
Hoy en día, aún temo de regresar a la casa, de hecho, le comenté a mi Mamá que la vendiéramos pues nos traía terribles recuerdos. Ella al principio no quería, pero tuve el valor de contarle lo que había visto, cuando solo ella me comento…
“Los Pecados del Padre serán la carga de los hijos”
 
Autor: Lengua De Brujo
Derechos Reservados

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