Encontré un terreno económico junto a un río pequeño. La zona era semirural, lo suficiente para que no hubiera ruido ni tráfico, pero tampoco tan lejos como para espantar a cualquiera que buscara pasar un fin de semana tranquilo sin alejarse demasiado de la ciudad.

La Cabaña Visitada Por Una Entidad Historias De Terror – RED

La Cabaña Visitada Por Una Entidad Historias De Terror - RED - miniatura del video

Video: https://www.youtube.com/watch?v=e9JPnd8XcYE

En este relato, La Cabaña Visitada Por Una Entidad Historias De Terror – RED se menciona como el lugar y el motivo del miedo de los personajes.

Lo que se cuenta sobre La Cabaña Visitada Por Una Entidad Historias De Terror – RED se repite en el pueblo como si fuera un aviso.

Cuando fui a verlo por primera vez, me imaginé enseguida una cabaña sencilla, algo de madera, con una ventana amplia hacia el río para que quien se hospedara pudiera escuchar el agua correr durante la noche. Esa idea fue lo que me convenció de comprarlo, incluso sabiendo que estaba descuidado y que me esperaba mucho trabajo antes de ofrecerlo en renta.

terreno tenía la maleza tan alta que no podía ver bien el borde del río. Había una estructura vieja de lámina oxidada que apenas se sostenía con dos palos y en el piso encontré botellas vacías, bolsas de plástico, restos de carnada y varios objetos tirados por pescadores que seguramente lo usaban como punto improvisado para acampar o beber.

Entre toda la basura había una zona donde la tierra estaba más hundida que el resto, como si alguien la hubiera removido tiempo atrás y luego tratado de cubrirla sin cuidado. No sabía si había sido un hoyo donde quemaron basura o un intento de fosa para tirar cosas, pero no le di importancia porque en general todo el terreno necesitaba reparación.

Tomé fotos, hice cuentas rápidas y decidí comprarlo porque estaba segura de que podía convertirlo en algo rentable si lo arreglaba a mi manera. Al día siguiente mandé a limpiar todo. Los trabajadores cortaron la maleza, retiraron la basura y tumbaron la estructura vieja.

Cuando revisaron la parte hundida, me dijeron que la tierra estaba floja y húmeda, más de lo normal para un sitio tan cercano al río. Así que la rellené por completo, pensando que era mejor dejar todo parejo antes de empezar cualquier construcción. Tras nivelar la zona, levanté una cabaña de madera con una ventana grande dirigida directamente al río.

El carpintero no tardó tanto como esperaba y en menos de dos semanas ya estaba lista. La cabaña era sencilla, pero para lo que yo necesitaba funcionaba bien. La ventana era el mejor punto porque permitía ver el agua, el movimiento de las plantas y el reflejo del cielo. Yo sabía que eso sería lo que más llamaría la atención de quienes quisieran rentarla.

Cuando estuvo terminada, la decoré con muebles económicos, pero funcionales. Compré una cama con base de madera sencilla, una mesa pequeña para que pudieran desayunar dentro de la cabaña, una silla plegable que puse junto a la ventana y un ventilador. También agregué un par de lámparas de luz cálida y unas cortinas delgadas para que no bloquearan la vista.

Sentí emoción al verla terminada porque llevaba tiempo imaginando cómo la quería y por fin la tenía frente a mí. Tomé varias fotos y las subí a redes sociales anunciando la renta por fin de semana con un precio accesible para que las primeras reservas no tardaran en llegar.

En menos de dos días, un hombre de unos treint y tantos me escribió diciendo que quería descansar después de varias semanas de trabajo y que el lugar le parecía perfecto. No pidió detalles ni aclaraciones, solo preguntó la ubicación. Pagó dos noches y me dijo que llegaría el sábado por la tarde.

El día que llegó se veía tranquilo, con una mochila pequeña y una actitud relajada, como quien solo quiere desconectarse unas horas. Le entregué las llaves y le expliqué dónde estaban los interruptores, el ventilador y la silla que había dejado junto a la ventana. Me agradeció y me dijo que la vista le había gustado desde el primer momento, que el ruido del río le daba calma.

Esa misma tarde me envió un mensaje diciendo que todo estaba cómodo, que la cabaña era más bonita en persona y que planeaba sentarse afuera un rato cuando oscureciera. Parecía el tipo de huésped que no da problemas y eso me hizo sentir más segura de que mi idea del negocio iba por buen camino.

Ya entrada la noche, recibí otro mensaje suyo preguntando si el lugar había tenido antes problemas con gente entrando desde el río. Me dijo que había creído ver a alguien parado afuera muy quieto, como si estuviera observando hacia la ventana.

Le respondí que no había casa cerca y que lo más probable era que fuera un pescador caminando por la orilla o algún reflejo de los árboles. También le mencioné que podían aparecer animales, sobre todo perros o gatos de las casas vecinas que a veces se acercaban al agua. Me dejó en visto y no volvió a escribir. A la mañana siguiente tocó la puerta de mi casa.

Tenía ojeras profundas y la camiseta húmeda, como si hubiera sudado toda la noche o salido al río a esa hora. me dijo que había visto claramente a una figura empapada frente a la ventana del cuarto, una persona inmóvil con el agua escurriéndole por el cuerpo.

Afirmó que la figura estaba inclinada hacia delante, casi pegada al vidrio, como si quisiera mirar dentro de la cabaña, pero sin tocarlo ni moverse. Lo contó con una seguridad que no sonaba exagerada, aunque sí parecía agotado y asustado. dijo que prefería irse antes de completar su segunda noche y que solo quería la mitad del reembolso.

Antes de irse, comentó que quizá debería poner lámparas o una cerca, pero su tono dejaba claro que no creía que eso solucionara lo que había visto. Después de que el primer inquilino se fue antes de tiempo, intenté no pensar demasiado en lo que me había contado porque no quería empezar a ver problemas donde quizá no lo sabía.

Pensé que el cansancio podía afectar a cualquiera o que tal vez alguien había pasado por la orilla del río sin que yo lo supiera. Me repetí que el hombre venía estresado y que quizás su mente exageró la sombra de un árbol o el reflejo del agua. Me mantuve ocupada arreglando detalles de la cabaña y revisando las publicaciones para mantenerla visible en redes.

Aunque durante varias semanas nadie preguntó por la renta. Empecé a preocuparme porque necesitaba recuperar la inversión del terreno y todo lo que había gastado en limpiar y construir, pero tampoco quería bajar el precio demasiado porque me daba miedo atraer a personas problemáticas.

Fue hasta un mes después que una pareja joven me escribió diciendo que buscaban un lugar económico cerca del agua para relajarse el fin de semana. Me dijeron que no necesitaban lujos y que solo querían pasar tiempo juntos sin ruido de tráfico ni vecinos.

Al principio dudé porque todavía tenía fresca la imagen de mi primer huésped parado frente a mí con la camiseta húmeda y la cara agotada, pero decidí aceptar porque no podía seguir dejando la cabaña vacía. La pareja parecía entusiasmada. Me preguntaron por la vista al río y dijeron que les gustaba mucho cómo se veía la ventana grande en las fotos. Les envié la ubicación.

Acordamos la hora de llegada y se presentaron el viernes por la tarde. Los primeros mensajes que recibí de ellos fueron positivos. Me dijeron que la cabaña estaba mejor de lo que esperaban, que todo estaba limpio y que el ruido del río los hacía sentir tranquilos. Subieron fotos a redes mostrando la ventana, el reflejo del agua y la silla que había dejado junto al vidrio.

Parecían contentos y eso me tranquilizó un poco porque necesitaba que la renta empezara a tener una buena reputación. Durante el día no mencionaron nada extraño y pensé que tal vez el problema con el primer huéspedido una coincidencia aislada. Cuando cayó la noche, recibí un mensaje de la mujer preguntando si alguien más usaba la otra orilla del río.

Me dijo que habían visto movimiento junto al agua y que no estaban seguros de si era una persona o un animal. Le respondí que no había vecinos cercanos y que era normal que animales bajaran a beber agua, sobre todo cuando la zona estaba oscura y tranquila. Le dije que mientras no escucharan paso cerca de la cabaña, no había de qué preocuparse.

La conversación quedó ahí y pensé que ya no sabría nada más esa noche. Cerca de la medianoche, recibí otro mensaje, pero esta vez era el hombre quien escribía. me dijo que estaban escuchando pasos lentos sobre el pasto mojado y que la luz de la luna les permitía ver una silueta fija frente a la ventana del cuarto.

Cuando leí eso, sentí una inquietud inmediata porque las palabras eran casi idénticas a las del primer huésped. Aunque me obligué a contestar con calma para no sonar alarmada. Le pregunté si estaban seguros de que no era un reflejo o un animal grande, pero su respuesta fue más detallada y no me dejó tranquila.

Me explicaron que lo que veían coincidía por completo con lo que había dicho el primer inquilino, una figura completamente empapada, con el agua escurriendo sin moverse y con el cuerpo inclinado hacia adelante como si buscara ver el interior de la cabaña.

Dijeron que no hacía ruido y que no alcanzaban a distinguirle el rostro porque la ventana reflejaba parte de la luz de la habitación, pero aseguraban que estaba ahí. No sabían desde cuándo los observaba, ni si había llegado por el río o por la parte de atrás del terreno.

La descripción era tan parecida que sentí un vuelco en el estómago, aunque traté de convencerme de que ellos también podían estar sugestionados por la oscuridad o por las sombras del agua. La pareja me contó que no se atrevió a abrir la puerta ni a acercarse a la ventana. Se quedaron en el cuarto esperando que la figura se fuera.

El hombre decía que escuchaba los pasos sobre el pasto cuando la silueta cambiaba de posición, como si se moviera muy despacio sin alejarse por completo de la ventana. La mujer agregó que en un momento sintió que algo se apoyaba contra la pared exterior, como un peso húmedo que hacía vibrar la madera.

No sabían si era real o si la tensión les estaba jugando en contra, pero ambos estaban seguros de que había alguien allí afuera. Le ofrecí llamar a la policía, aunque yo misma sabía que no iban a llegar rápido a una zona tan aislada y que lo más probable era que no encontraran a nadie. Ellos dijeron que preferían esperar hasta que amaneciera.

Cuando salió el sol, me enviaron un mensaje breve diciendo que iban a retirarse. No quisieron que fuera a despedirlos, solo me avisaron que habían dejado la llave en una maceta junto a la puerta. agradecieron la estancia y dijeron que la cabaña era bonita, pero que algo no estaba bien con la zona del río.

Cuando recibí el mensaje, sentí preocupación, sino de algo que les había parecido demasiado claro como para ignorarlo. Esa mañana fui al terreno y revisé la zona alrededor de la cabaña. No encontré pisadas definidas sobre el pasto húmedo, pero la tierra cerca del río estaba revuelta, aunque no pude saber si era por animales o por el paso de alguien durante la noche.

Lo que sí me quedó dando vueltas en la cabeza fue la coincidencia entre las dos descripciones, la postura inclinada, el cuerpo empapado, la forma de quedarse quieto frente a la ventana. Era demasiado parecido como para considerarlo casualidad. Y por primera vez empecé a inquietarme más de lo que estaba dispuesta a admitir.

Después de los testimonios del primer huésped y de la pareja joven, traté de calmarme pensando que tal vez todo era coincidencia, pero empecé a notar detalles que antes había ignorado. Revisé los comentarios y mensajes de personas que habían preguntado por la renta semanas atrás.

Algunos, sin haber estado nunca en la cabaña, mencionaban que en ciertas fotos nocturnas del río se alcanzaba a ver una sombra rara cerca del reflejo del agua. Decían que parecía una persona, aunque para mí siempre habían sido solo manchas de la noche o ramas inclinadas. Cuando volví a mirar esas fotos, ya no pude verlas igual.

Me quedé un buen rato ampliando la imagen, comparando la luz del teléfono con el brillo del río, buscando explicaciones que no me dejaran pensando en lo que habían visto mis inquilinos. No encontré nada claro, pero tampoco logré convencerme de que todo era mi imaginación.

Con el paso de los días me di cuenta de que varias personas dejaban de responder justo después de que les enviaba la ubicación exacta. Al principio pensé que simplemente habían encontrado otro sitio más barato, pero la repetición me hizo sospechar que quizá había rumores locales sobre esa zona del río y yo no los conocía.

Nunca viví cerca de ahí y no solía platicar con la gente de la región más allá de lo necesario para comprar materiales o contratar trabajadores. Puede que ellos sí supieran algo y yo solo estuviera enterándome de forma indirecta. Era extraño que la mayoría mostrara interés hasta que les enviaba la dirección.

Después de eso ya no contestaban o me decían que harían cuentas y jamás volvían a escribir. Con el tiempo empezaron a aparecer críticas en redes. No eran comentarios directos sobre la cabaña, sino publicaciones de terceros que mencionaban haber escuchado historias sobre alguien que se aparecía cerca del río.

Otros decían que la zona era incómoda de noche, que mucha gente evitaba quedarse ahí cuando oscurecía. Yo sabía que ese tipo de rumores pueden arruinar un lugar incluso si no tienen sustento. Me daba coraje porque ni siquiera hablaban de mi propiedad. Pero la gente unía puntos donde no había nada confirmado.

Cuando alguien publicó que esa parte del río tiene algo raro, ya no pude ignorar que la reputación del sitio estaba dañándose sin que yo pudiera detenerlo. La renta prácticamente se detuvo. Tenía que seguir pagando mantenimiento, limpieza y los impuestos del terreno. No era una gran cantidad, pero se acumulaba cada mes sin recibir ingresos que la compensaran.

Empecé a sentir que el negocio que me había emocionado desde el inicio estaba convirtiéndose en un peso que no sabía cómo manejar. Intenté dormir algunas noches en la cabaña para comprobar por mí misma si había algo extraño, pero fue inútil. No pasó nada. Solo escuchaba el agua golpeando las piedras y el movimiento del viento en los árboles.

Pero aún así me costaba quedarme tranquila. La idea de una figura empapada frente a la ventana me daba vueltas en la cabeza, incluso cuando no veía nada. Tenía la impresión de que cualquier sombra o reflejo podía convertirse en una presencia real si me quedaba demasiado tiempo mirando.

Pensé en instalar cámaras para tener pruebas de lo que ocurría o al menos evitar que alguien se acercara sin que yo lo notara. Consideré también poner más iluminación o incluso levantar una cerca alrededor de la parte trasera de la cabaña. Pero todos esos cambios costaban dinero y no garantizaban que la gente dejara de quejarse si la reputación del lugar ya estaba dañada.

No podía invertir más cuando ni siquiera recuperaba lo básico. Tampoco quería quedarme esperando años a que la situación se aclarara por sí sola. Sabía que si seguía así iba a terminar perdiendo más de lo que podía sostener. Finalmente tomé la decisión de vender el terreno y la cabaña, aunque fuera por un precio menor al que hubiera querido.

Necesitaba dejar de perder dinero y cerrar ese capítulo antes de que siguiera complicándose. No mencioné nada sobre los testimonios de los inquilinos ni las críticas en redes. No había pruebas físicas de nada y sabía que si decía algo, nadie lo compraría. Me concentré en mostrar el lugar de día, en resaltar la vista al río, en explicar que era una zona tranquila.

Quería venderlo rápido sin tener que entrar en detalles que solo me harían ver como alguien exagerada o paranoica. El proceso de venta fue más simple de lo que imaginé. Un hombre de otra ciudad me contactó diciendo que buscaba un terreno cerca del agua para pasar fines de semana. Vino a verlo una mañana.

caminó por el terreno, escuchó el río y revisó la estructura de la cabaña sin hacer demasiadas preguntas, dijo que le gustaba la calma del lugar y que podía notar que lo había construido con cuidado. Cerramos el trato ese mismo día. Cuando firmé los papeles, sentí alivio porque por fin había salido de un gasto que no podía sostener.

Pero también sentí cierta culpa por no explicar lo que me habían contado los huéspedes. Aunque me repetí varias veces que yo nunca vi nada directamente. No logré quitarme del todo la sensación de que estaba dejando algo pendiente. Nunca volví al lugar después de entregar las llaves. No quise pasar por ahí ni siquiera por curiosidad.

A veces reviso sus publicaciones en redes para ver si sube fotos o comenta algo sobre la cabaña. Nunca ha dicho nada. Nunca ha mencionado problemas, ni sombras, ni figuras cerca del río. Hay algo inquietante en ese silencio, porque no sé si realmente no ha visto nada o si decidió no hablarlo, igual que yo.

A veces pienso que la figura sigue ahí esperando frente a la ventana y que tarde o temprano alguien más tendrá que descubrirla por su cuenta. Tam.

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Preguntas frecuentes sobre La Cabaña Visitada Por Una Entidad Historias De Terror – RED

¿De qué trata La Cabaña Visitada Por Una Entidad?

Encontré un terreno económico junto a un río pequeño. La zona era semirural, lo suficiente para que no hubiera ruido ni tráfico, pero tampoc

¿Es una historia de terror basada en un video?

Sí, este contenido conserva la base de la historia y se publica con formato optimizado para lectura en la web.

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