Emergencia De Halloween

Emergencia De Halloween

Soy Paramédico de la cruz verde en Guadalajara Jalisco. Pueden creer que en esta profesión se ve de todo, aunque hay veces que son muy tranquilas las noches, mientras que otras son ajetreadas, sobre todo en aquellas fechas, donde las celebraciones incitan al vandalismo.
Desde hace algunos años, es costumbre que en Halloween suele haber mucho trabajo, desde atender accidentes de automóviles a causa de muchachos que arrojan huevos desde pasos peatonales, hasta incluso heridas causadas por pistolas de gotcha. He visto de todo, pero ninguna historia vivida, se compara a la que viví junto a dos compañeras una noche de Halloween que recibimos una llamada de emergencia, donde acudimos en conjunto con la policía, pues nos indicaban que en el domicilio se escucharon gritos y golpes.
Cuando llegamos al domicilio, encontramos a un señor de edad avanzada, que actuó de manera agresiva hacia nosotros. Nos gritaba que nos fuéramos y nos cerró la puerta en la cara.
Nosotros escuchábamos desde afuera, gritos de otro hombre y una mujer que lloraba y gritaba desesperada, sonaba muy grave la situación. Los policías y nosotros no quisimos abandonar el lugar, pues varios de los vecinos no pidieron que esperáramos a que intentaran hacer entrar en razón a ese señor, pues sentían miedo de que la nieta de él, estuviera en peligro de muerte.
Cuando me di cuenta, estábamos rodeados de niños disfrazados, algunos cargaban calabazas de plástico y otras simples bolsas de plástico. Uno de los niños se acercó a mí, y me dijo que tuviéramos cuidado con esa casa, pues estaba embrujada y vivían puros desquiciados. Los policías corrieron a los niños de la zona, pero el comentario del niño se quedó en mi cabeza, sobre todo la parte donde decía que allí vivían puros desquiciados, en verdad se veía que esa familia estaba medio mal de la cabeza.
De pronto el escándalo cesó, y una señora salió a abrirnos la puerta. Ella estaba llorando y les pidió a los policías que entraran el más rápido posible. Cruzamos el portal, yo pensaba que era solo un domicilio, pero no, realmente era como una especie de vecindad, toda la gente amontonada frente de una puerta. Los policías no tardaron en correr a la multitud, no alcanzaba a ver qué era lo que ocurría.
Entre los policías sacaron a un hombre esposado, dijeron que intentó agredir a dos mujeres con una navaja, enseguida nos indicaron que entráramos, pues había un par de personas heridas. El anciano que nos había cerrado la puerta, se encontraba dando testimonio a los policías. Apenas entramos en el departamento y atendimos a dos mujeres, una menor de edad y otra de unos treinta años, ambas tenían heridas menores, un par de cortadas superficiales, solo eso.
De pronto empezamos a escuchar suspiros en una habitación que se encontraba cerrada, me puse de pie y quise echar un vistazo, pero, noté que las dos mujeres se comportaban de manera extraña, querían evitar que nos acercáramos a la puerta, mucho menos que informáramos de ello a los policías, decían que no había nadie allí adentro. A mí se me hizo muy sospechoso el comportamiento de las mujeres, así que decidí informarles de inmediato a los policías. Noté que por fuera del departamento se ubicaba una ventana que daba precisamente a esa habitación, me acerqué para mirar, una de las cortinas estaba doblada en una esquina, lo que me permitió mirar un poco, noté que todos los muros estaban tapizados de crucifijos, era una cosa exagerada, se los juro.
Me quedé unos momentos mirando y por unos momentos casi logro ver a la persona que suspiraba, cuando mi compañero me habló de golpe, ocasionando que me sobresaltara y golpeara mi cabeza contra la ventana.
Mi compañero me informó que la policía había logrado hacer que las mujeres abrieran la puerta y que necesitábamos acudir de prisa, pues estaba una mujer bajo un ataque epiléptico y se había hecho daño en la lengua.
Entramos rápido y estabilizamos a la mujer, fue entonces cuando me di cuenta de que esa habitación era algo extraña, aparte de los crucifijos había velas de cebo por doquier, aparte de algunas figuras extrañas. Cargamos a la mujer en una camilla, pues necesitaba una revisión más a fondo, sin embargo, las mujeres que nos habían impedido la entrada, nos decían una y otra vez que no nos la lleváramos, que deberíamos de devolverla a esa habitación. La mujer me miró y nos dijo que por favor la sacáramos de allí. Los policías hicieron a un lado a las mujeres, que se pusieron histéricas y no nos dejaban salir.
Subimos a la mujer a la ambulancia, quien apenas arrancamos comenzó a comportarse de una manera extraña, iba muy inquieta y gritaba por ayuda, yo me acerqué a ella y le pregunté sobre la manera en que pudiera ayudarla, ella me contestó con un tono suplicante, que por favor la lleváramos al templo de la merced, yo le contesté amablemente que era primordial llevarla a atender a la cruz verde, que ya una vez que estuviera bien podía asistir cuantas veces quisiera.
Mi comentario no le vino nada bien a la señora, pues se puso histérica, tuvimos miedo de que de nuevo le diera un ataque epiléptico, intentamos tranquilizarla, pero ella seguía insistiendo en que la lleváramos, pues según ella no existía otra manera en que la pudieran ayudar. Se que sonará extraño, incluso irresponsable de nuestra parte, pero decidimos llevarla al templo como nos lo había pedido.
Lo que sigue, de no ser porque los mis compañeros y varias personas que circulaban por la calle disfrazados fueron testigos, no lo creería.
La mujer apenas pisó el arco de entrada al templo, se elevó unos diez centímetros del piso, además comenzó a hablar en un extraño lenguaje, de entre todo lo que decía, solo se me grabó una palabra: Mefisto.
Todos sentimos miedo de acercarnos a ella, todas las personas que circulaban a los alrededores se pusieron a rezar, de pronto la mujer se desvaneció. Al fin nos acercamos a ella, comprobamos que no se había desmayado, sino que estaba dormida, pues roncaba con fuerza.
Total, que regresamos a la ambulancia rumbo a la cruz verde. No me había percatado del estado físico de la mujer, era muy delgada, se veía muy descuidada, su cabello estaba hecho nudos y su ropa se encontraba remendada.
Con el tiempo me enteré de que a la pobre mujer la mantenían encerrada en esa habitación, según dijo una de las mujeres a las que interrogaron, la señora se había dedicado un tiempo a realizar trabajos de brujería, como limpias o adivinación, desgraciadamente la señora se metió con fuerzas que no logro controlar, según se creía, un demonio la había poseído, lo que causa que comenzaran a ocurrir cosas extrañas, no solo en el departamento donde vivía ella, sino en toda la vecindad. Decían que las puertas de los departamentos se abrían solas y escuchaban pisadas como de pezuñas en los tejados, además el hijo de la señora, que era el hombre que detuvieron los policías el día que intervenimos en el domicilio, se había vuelto muy agresivo, los vecinos decían que estaba endemoniado.
Total, que, según los testigos, mantenían a la señora encerrada en esa habitación tapizada con crucifijos, los cuales servían como una especie de sello, para mantener a la señora apaciguada y era por eso que no querían que la sacáramos de allí, pues en su creencia, al hacerlo, dejaríamos libre al diablo en las calles.
Ya no supe más del caso, pero sin duda alguna, esta ha sido la anécdota más extraña que he vivido como paramédico, sobre todo por la fecha en que sucedió, en Halloween.
 
Autor: Mauricio Farfán
Derechos Reservados

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Historias de Terror