El Ser Que Habita En El Parque

El Ser Que Habita En El Parque

El Ser Que Habita En El Parque
Cuando Guadalajara aún se encontraba en crecimiento, al sur de la misma comenzó a establecerse una colonia, cuyos terrenos eran ejidales. La colonia no tenía establecidas calles ni banquetas, los nuevos pobladores compraron su terreno y comenzaron a construir sus casas. Solo se encontraba en este lugar un gran parque en el que su vegetación la constituían pinos, estos eran altos y frondosos, al centro del mismo se encontraba una estatua de medio busto que no se sabía a quién representaba, ya que no tenía nombre.
Mis padres fueron de los primeros pobladores, ellos me comentaron que les ocasionó extrañeza llegar a una colonia sin fraccionar con las calles polvorosas, pero que tenía un parque establecido.
La mayoría de las personas compartían el mismo punto de vista que mis padres.
Los vecinos decían que en ese lugar, ocurrían sucesos extraños.
Me gustaba ir a jugar al parque porque después de un tiempo las autoridades pusieron columpios, sube y baja, y un juego en el que nos subíamos para girar en él.
En una ocasión mi amigo Juan contó que sus padres le habían dicho que podía ir al parque durante el día, pero que por la noche no se acercara porque le podía pasar algo malo. Él y yo nos cuestionamos qué era eso que sucedía en el parque, y que nuestros padres no nos querían revelar.
Juan y yo nos pusimos de acuerdo para poder salir por la noche con unas lámparas, y observar lo que pasaba en este lugar.
Esa noche salimos a jugar a la calle con nuestros amigos.
En cuanto ellos se distrajeron, Juan y yo nos internamos entre los pinos para saber algo más de los acontecimientos extraños. Ambos nos encontrábamos nerviosos y con miedo.
Alcancé a escuchar un ruido que provenía del centro del parque, con nuestras lámparas iluminamos esa parte sin lograr ver nada. Mi amigo me dijo que si me había dado cuenta de que el busto de la estatua ya no se encontraba mirando hacia el este, que ahora su cabeza se había girado con su cara hacia el norte.
Nunca me había fijado en la postura que tenía la estatua, así que no le creía a mi amigo y le dije que ya imaginaba cosas.
Cómo era posible que una estatua de hierro y cemento tuviera movimiento, No le creí y le dije que era mejor retirarnos porque él ya se había creído de las cosas que decían los adultos en la colonia. Mi amigo no podía salir de la estupefacción y se molestó conmigo porque no le creí.
En una ocasión, mi madre se puso enferma por la noche. Fue necesario llevarla al hospital. El médico nos dijo que era preciso que ella se quedara internada para controlar su dolor y lograr estabilizarla. Él nos dijo que era mejor que mi padre y yo nos fuéramos a descansar, ya que a ella la mantendrían sedada y no la podríamos ver.
Pasada la medianoche transitamos por el parque, ya me había olvidado de los rumores que corrían alrededor de él. De cualquier manera, por curiosidad, lo observé mientras mi padre conducía en el auto. Por la parte de los juegos había una lámpara que emitía una luz amarilla, la cual permitía iluminar esa parte del parque, el resto se encontraba en una oscuridad absoluta.
Al pasar por los columpios me llamó la atención que uno de ellos se estaba meciendo.
En un principio pensé que podría ser el viento, pero de inmediato percibí que de los tres columpios solo uno de ellos se movía. No lo podía creer. Después el sube y baja también se movió, como si alguien estuviese arriba de él.
Le dije a mi padre que volteara a ver lo que ocurría en el parque. Él no me escuchó, se encontraba cansado y ausente. Solo se limitó a conducir. Antes de que el coche diera vuelta hacia la calle en la que vivimos, volteé hacia la parte de atrás del auto, y noté cómo en la penumbra del parque dos ojos brillaban con profunda intensidad.
Ya no quise saber más al respecto, cerré mis ojos con fuerza como si con este acto pudiese borrar lo sucedido.
Al llegar a casa me sentí aliviado, todavía con desconfianza miré hacia atrás para darme cuenta de que no nos había seguido nadie.
En mi habitación, me acosté sobre mi cama con la intención de dormir sin poder conseguirlo. Lo que había visto en el parque aún resonaba en mi memoria, pero poco a poco comencé a calmarme.
Logré entrar en un sueño profundo, cuando de repente escuché un ruido al exterior de la casa, y me desperté. Con cautela me incorporé, y sin encender la luz recorrí la cortina de la ventana, para poder darme cuenta de dónde provenía ese ruido.
La calle se encontraba desolada, a su vez, estaba iluminada apenas por una lámpara en la acera de enfrente, esta emitía una luz que parpadeaba por instantes.
Solo alcancé a percibir el movimiento de un arbusto, pero no miré qué es. De repente, de nuevo veo esos ojos iluminados de un color rojo brillante.
Corro de inmediato hacia mi cama y cubro por completo todo mi cuerpo, como si con ese acto, el ente que se encuentra al exterior de mi casa ya no me fuera a perseguir. Así estuve durante mucho tiempo hasta que pude dormir por un rato.
En cuanto me fue posible, busqué a Juan para comentarle lo del suceso de la noche anterior. Él aún estaba molesto por no haberle creído sobre la estatua que gira su cabeza por la noche. Sin embargo, me escuchó con atención, me dijo que lo más probable es que el ser que habita en el parque salga después de las doce de la noche. Ambos nos pusimos de acuerdo para poder salir de casa a esa hora para ir al parque.
Ese día no pude estar tranquilo, solo de recordar los eventos del día anterior me genera nerviosismo y ansiedad. Aunque no pude dejar de pensar por qué alguien habita en ese espacio.
Por la noche, escuché las piedras que Juan lanzó a mi ventana para saber que ya se encontraba listo. Con cautela levanté mis zapatos y no me los puse para poder salir, sin despertar a mis padres.
Tomé el rosario de mi madre y me dispuse a descubrir qué era lo que ocurría en ese lugar.
El parque queda a escasas dos cuadras de nuestra casa, así que de inmediato nos encontramos enfrente de él, más que adentrarnos en el parque, le comenté a Juan que era mejor escondernos detrás de un auto estacionado que nos ofreciera una buena vista del parque, y de alguna manera protegernos. En efecto, encontramos un auto estacionado en el sitio ideal. Nos subimos en la parte superior del mismo.
Pasaban las doce de la noche, y no sucedía nada. A la una de la mañana en punto, comenzó a sentirse un viento frío.
Las hojas de los árboles se movían al ritmo de la suave brisa. Puse atención en los columpios, y noté como uno de ellos se mecía despacio, y de forma gradual aumentó la intensidad.
Juan me dio unos ligeros golpes en la espalda y sin emitir palabra señaló hacia la estatua. En esa ocasión el rostro de ella estaba fija hacia el sur. Con su dedo indicó su ojo para que estuviera atento.
Un evento sucedía al otro, primero fue un columpio, enseguida él sube y baja, más adelante el juego giratorio. No salía del asombro, cuando percibí que la cabeza de la estatua, ya estaba orientada hacia el norte.
La poca luz que emitían las dos lámparas que había en el parque, solo nos permitían ver un poco de los acontecimientos de este, yo creo que se producían más hechos porque se escuchaban ruidos extraños.
Ahora sí, Juan y yo nos dimos cuenta de que los comentarios que realizaron nuestros padres eran ciertos. Solo nos faltaba saber cuál era el motivo de dichos sucesos. No pasó mucho tiempo para entender que un ente habitaba el lugar, porque a lo lejos vimos dos ojos brillantes.
Afortunadamente, al menos eso quise creer, no nos había visto. Le dije a Juan que nos acostáramos en el toldo del coche sin movernos para evitar que el ser nos viera.
Así pasaron los minutos sin que los movimientos en el parque terminaran. Después de las tres de la madrugada, el parque quedó en completa calma. Si Juan y yo no lo hubiéramos presenciado, no creyéramos de la existencia de estos eventos paranormales.
Esperamos un rato sobre el auto porque teníamos miedo de bajarnos. Más adelante, con cautela lo hicimos y corrimos hacia nuestras casas. En el instante en que pusimos nuestros pies sobre la tierra, escuchamos un ruido estremecedor que nos hizo correr con más energía. No quisimos voltear hacia atrás para ver cuál era el origen del tenebroso sonido.
Los padres de Juan fueron los primeros en darse cuenta de su ausencia y lo buscaron en mi casa. Mis padres, al notar mi cama vacía, se alarmaron dispuestos a encontrarme. Ya estaban a punto de subirse al automóvil cuando nos vieron llegar. Solo se limitaron a mover negativamente la cabeza sin emitir ningún regaño.
Mi padre me cuestionó el por qué habíamos hecho eso, ya nos habían advertido de no acercarnos al parque por la noche, y sin más preguntas mi padre me contó la historia de ese lugar.
Me dijo que antes de que se edificara la colonia, ese espacio era una zona de sembradíos, principalmente de maíz.
El dueño era un hacendado que estaba casado con una mujer joven, después de cierto tiempo tuvieron un hijo. De forma por demás extraña, la mujer enfermó y murió, dejando en la completa desolación a su esposo.
Pronto llegó a su casa una nueva mujer con la cual de nuevo contrajo matrimonio.
Dicen que ella era una bruja astuta que propició los elementos necesarios para que el hacendado quedara viudo. De esta manera poder apropiarse de sus bienes.
Cuando ella llegó al matrimonio con el hacendado, ya llevaba un hijo consigo. De inmediato ella entendió que en caso de que el hombre muriese, la herencia no sería para su hijo, sino para su hijastro. Ella hizo lo suficiente para matar al hijo de su esposo. Dicen que le daba al niño un veneno en la comida que poco a poco fue dañando su salud.
Un día que el niño acompañó a su padre a ver el estado de los sembradíos, este cayó muerto. El padre se encontraba desesperado ante la inminente muerte de su hijo.
El hombre devastado mandó sembrar todos los pinos que hay en el parque como símbolo del lugar en el que su hijo murió, Incluso lo enterró en ese terreno.
Me dijo que la estatua que he visto en el parque es del hacendado que lo mandó construir.
Al poco tiempo de la muerte de su hijo, el padre también murió. Se cree que la nueva esposa también lo mató, y Ella también mandó enterrar al hombre al lado de su hijo.
Ambos cuerpos, según las historias, están sepultados en el parque. Se cree que los sucesos que acontecen en él, son por parte del padre, el cual antes de morir se enteró de quién era en realidad la mujer con la que se casó, sin embargo, ya no le fue posible hacer nada. Entre la una y las tres de la madrugada, el hombre murió. Es por eso que a esa hora él despierta a su hijo, y juega con el pequeño, pero a su vez también se encuentra furioso por lo que sucedió.
Autor: Adriana Cuevas Herrera
Derechos Reservados

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