El Laberinto

El Laberinto

Mi nombre es Israel, nací en la Ciudad de San Luis Potosí, esto que les contaré me ocurrió cuando era muy joven apenas contaba con once años, ahora tengo veintitrés.

Siempre fui inquieto por lo mismo no a todos les caía bien, no tenía muchos amigos ni en la escuela ni por donde vivía.
En una ocasión mi padre me llevó de visita al Estado de Chihuahua, a visitar unos tíos, iba a fuerza, ya que en San Luis estaba en un equipo de futbol y esa semana jugaríamos la final, pero mi padre no quería ir solo y tuve que ir.

A donde llegaríamos tenía dos primos y una prima más o menos de mi edad, a los que tenía varios años de no ver.
A la hora de cenar nos pusimos a platicar. Mi prima Lupita, la mayor, me dijo que les gustaba ir a la casa abandonada, si quería ir me llevaban, pero que no creían que me fuera a animar porque eso era solo para valientes.
No me iba a ver como un miedoso y les dije que iría. me dijeron que lo haríamos al día siguiente porque ya se hacía tarde y tendríamos que pedir permiso, ya que estaba retirada de ahí, y que habría que ir casi de noche.
Ya el otro día, de noche, estando en la casa me quisieron meter miedo, me contaron que en esa casa habitaban varios demonios que espantaban, que la mayoría de la gente del lugar evitaban pasar por ahí, ya que les causaba miedo.
Confieso que si me puse nervioso cuando me contaron esas cosas, pero traté de disimularlo, de seguro solo querían hacerme una broma y reírse de mí.
Me dijeron que si tenía miedo y no quería continuar que solo lo dijera y nos regresaríamos, y no le dirían a nadie que yo era un miedoso.

Lo primero que me llamó la atención del interior de la casa fueron algunas pinturas en las paredes con figuras extrañas y manchas en el piso, además, el eco era impresionante.
Pensaba que ya había superado la prueba cuando mi primo Benito me dijo que no era ahí donde espantaban, si no en el Laberinto que se encontraba en el patio de la casa.
Nervioso los seguí por varios pasillos hasta que llegamos a una puerta de metal que conducía al patio trasero, en el piso estaba dibujada una estrella y a unos pasos la puerta de ese laberinto, el cual se veía totalmente obscuro, tal vez eran mis nervios, pero nada más de estar ahí se sentía el ambiente muy pesado.
Ellos ya venían preparados con dos linternas y muy decididos a entrar, el Laberinto era de cemento, y alumbrándonos con las linternas se miraba más macabro de lo que yo pude imaginar.
Como éramos cuatro y solo traíamos dos linternas, decidimos que solo entraríamos Juan y yo.
Nos dieron las linternas, y me dijeron que en las paredes había nombres de demonios, que camináramos hasta donde pudiéramos, y de regreso le dijera todos los nombres de los demonios que había visto, para ver hasta donde habíamos llegado.
Nos metimos al laberinto mi primo Juan y yo, era un pasillo estrecho, grafiteado y tenía un olor a humedad, de hecho, las paredes lo estaban, por lo tanto, conforme nos adentrábamos se iba sintiendo cada vez más frío.
Cuando llegamos donde topaba, dimos vuelta, me dijo mi primo Juan que todo era un juego, que el truco era apagar las linternas y quedarnos en silencio por unos minutos y luego regresar.
Pero le dije a mi primo que no, que yo no haría eso, que caminaría por el laberinto y al final les diría todos los nombres de los demonios que ahí estuvieran.
Mi primo me dijo que solo me esperaría unos minutos y después se regresaría.
Decidido apunté la luz de la linterna hacia dentro del laberinto, y empecé a caminar, me dijo mi primo que no dijera los nombres de los demonios en voz alta, aunque lo escuché no voltee a verlo, también me dijo que los pasillos estaban marcados con números rojos para que no me perdiera.
Caminé con cautela por aquel frío pasillo lleno de basura, empezaron a aparecer pasillos por todas partes, muy oscuros, pero no entraba en ellos, yo solo seguía los números rojos para estar seguro.
De pronto encontré el primer nombre de un demonio, pintado con enormes letras rojas, lo leí en voz alta, ASMODEUS, y con letras más pequeñas decía El veneno de Dios.
El solo hecho de leerlo hizo que me estremeciera, a pesar de estar frío el ambiente, empecé a sudar, pero seguí adelante, no me iba a detener.
Después de dar un par de vueltas siguiendo las marcas rojas en las paredes, encontré otro nombre: ASTAROTH, el Duke del infierno, el cual también leí en voz alta para que no se me olvidara.
Ya me encontraba en un punto que titubeaba hasta para dar el siguiente paso, además, hacía un frio que la verdad ya me calaba hasta los huesos, pero había algo dentro de ese laberinto que no me dejaba retroceder, era como un ligero susurro que me endulzaba el oído.
Avancé encontrando varios nombres más, Belial, Behemot, y uno más que no sé cómo se pronuncia.
Ya muy adentro del laberinto, noté que las paredes no estaban grafiteadas, ni había basura en el piso, como si nadie nunca hubiera llegado tan lejos, lo único que sí había eran salpicaduras por aquí y por allá, parecían ser salpicaduras de sangre.
También en algún punto me encontré con restos de lo que parecía haber Sido un ritual. Trapos viejos, velas, vidrios tirados, extraños dibujos en el suelo, y en el centro estaba un gato ya en un muy avanzado estado de descomposición.
Un poco más adelante estaba escrito AZRAEL, la mano izquierda de Dios, no podía más, ya había tendido suficientes así que me di media vuelta decidido a regresar.
No sé por qué cuando había dado solo unos pasos volteé para atrás, vi a un horrible Ser, su silueta solamente, pero era suficiente para entrar en pánico, ya que jamás había visto semejante cosa ni en mis peores pesadillas.
Era grande, su altura pasaba las paredes del laberinto, no tenía forma humana, alcancé a distinguir al menos 7 brazos, no notaba su cabeza, quizá no tenía, tampoco le veía piernas.
Traté de correr, pero tropecé, como pude me levanté, pero del miedo volví a caer, sentía a ese monstruo que casi me alcanzaba, agarré fuerzas y conseguí ponerme de pie.
Corrí con tanto miedo que cuando me di cuenta, los números que tanto cuidaba, los de color rojo, para no perderme ya no los encontraba, casi quedé paralizado de la impresión, pero no me detuve, aunque dejé de correr, mejor caminé a paso veloz.
Temblando de miedo y lleno de desesperación, alumbraba con la linterna todos los pasillos buscando los números rojos, después de unos minutos, aunque parezca imposible, gracias a Dios los encontré y volví a correr.
Cuando había avanzado como diez o quince metros, alumbré otro Ser, este no tenía 7 brazos, pero si tenía una gran cornamenta y grandes garras.
Entendí que al decir los nombres de los demonios en voz alta los había invocado.
Ese demonio estaba en medio del pasillo tapándome el paso, miraba para donde yo estaba, sus ojos eran grandes y brillantes.
Mi corazón estaba a punto de estallar, me metí a otro pasillo, pero no avancé, solo me quedé unos minutos, rezaba en voz baja pero muy rápido.
No quería hacer ruido, pero no podía contener el jadeo de mi respiración, pasado dos o tres minutos me asomé y para mi sorpresa ya no estaba ese horrible demonio, agarré aire y pasé de prisa por ahí, tal vez solo era mi imaginación, mis nervios que me hacía creer ver esos demonios.
Empecé a rezar para que el último demonio no estuviera, y corrí por ese pasillo con todas mis fuerzas, cuando pasé por donde estaba el primer nombre que miré, ASMODEUS, sentí que se me fueron las fuerzas y casi me desmayo, ya que ese demonio estaba ahí.
Su silueta mostraba 3 cabezas y una larga cola que le arrastraba.
Ya no podía correr, ya no podía gritar, solo avanzaba como podía, vi cerca la salida, estaría como a unos veinte metros, pero me parecía interminable llegar.
Sabía que ese demonio me estaba siguiendo, pues el raspar de su cola contra los muros se estaba acercando a pasos agigantados.
Cuando llegué al último pasillo, me llené de terror, vi a mi primo Juan, lo alcancé a distinguir por la linterna.
Le grité que corriera, y para pronto lo hizo, ahora éramos nosotros los que veníamos gritando a los demás que corrieran, y lo hicieron sin pensarlo dos veces.
Todos corrimos asustados, y no paramos hasta llegar a la casa de mis primos.
Ya estando en un lugar seguro, les pregunté si ellos habían alcanzado a ver algo, dijeron que sí, que justo detrás de nosotros venía corriendo una gran sombra con alas y cuernos.
Jamás hemos vuelto a pasar ni siquiera cerca de esa casa.
Autor: Ramiro Contreras
Derechos Reservados

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