Aún Llora Por Las Noches

Aún Llora Por Las Noches

Aún Llora Por Las Noches
Soy de un pequeño poblado en el sur del estado de Puebla, lo que les voy a contar son una serie de sucesos que han pasado a lo largo de los años en la casa de mis abuelos en donde solía vivir con ellos, junto a mi hermana y un par de tíos.
Quiero hacer mención que es una pequeña casa con dos pisos y muchas habitaciones, las cuales en realidad son bastante reducidas de tamaño debido a que la familia es muy grande, por otro lado, el patio de la casa es un lugar muy amplio rodeado de vegetación y los cultivos de mi abuelo.
Desde que recuerdo, cada noche sin falta el llanto de un bebé se escuchaba desde el patio de la casa, un llanto que duraba varios minutos y me hacía estremecer, sin embargo, las demás personas de la casa parecían no escucharlo, o al menos pretender ignorarlo, como soy el de menor edad de la casa a mí no me cuentan nada y en caso de que pregunte, lo único que voy a recibir sería un regaño, porque de eso no se habla en la casa.
Afortunada o desafortunadamente, hace poco uno de mis tíos, Javier, salió a un baile con sus amigos y regresó ya muy entrada la noche y con bastantes copas de más, como yo no podía dormir esa noche, fui a recibirlo hasta la entrada al patio de la casa para evitar que se cayera sobre las flores o los cultivos de mis abuelos, creo que llegó en el peor momento, pues justo cuando estábamos atravesando el patio con camino a la casa escuchamos el llanto, justo detrás de nosotros, no podía correr, a pesar de querer hacerlo, pues mi tío no estaba en condiciones siquiera de caminar, así que traté de apurar el paso con él a cuestas, pero cuando dirigí mi mirada hacia él, noté que las lágrimas salían de sus ojos, nunca antes lo había visto llorar, y jamás creí que lo haría, mucho menos de esa manera, con un niño pequeño al lado.
Me preocupé y traté llevarlo lo más rápido posible hasta la casa, con mucho esfuerzo logramos llegar a su habitación que se encontraba en la planta baja de la casa, en ese momento, me miró a los ojos y dijo “te juro que no fue mi culpa, te juro que no quise hacerlo”. Eso fue lo último que le escuché decir antes de que se quedara dormido, esas palabras después del llanto del bebé me dejaron con muchas más preguntas que respuestas, así que traté de despertarlo, pero era imposible, tanto alcohol había hecho efecto en él.
A la mañana siguiente, mientras desayunaba y mi tío trataba de quitarse la resaca, decidí encararlo y preguntar qué fue lo que quiso decirme, pero él me pidió en un tono de orden que olvidara lo que me dijo, que solo estaba borracho y no tenía ninguna importancia. Quise insistir, pero tras tantos años de recibir negativas ante conocer la verdad, supuse que no me diría nada por mucho que se lo pidiera.
Los días pasaron y yo no podía dejar de despertar justo en el momento en que se escuchaba el llanto, algunas noches lo escuchaba incluso más cerca que de costumbre, la duda no me dejaba dormir, así que una noche me armé de valor y decidí salir al patio durante aquel llanto.
Pregunté quien era, pregunté que quería y por qué lloraba, le ofrecí mi ayuda, pero no pasó nada, el llanto se detuvo y yo me fui completamente decepcionado. Incluso llegué a pensar que podría ser una broma de mi familia para evitar que saliera de noche, o que alguien se acercara a la propiedad, pero no podía estar más equivocado.
Ahora estoy seguro de que haber hecho eso, hablarle a lo que lloraba por las noches fue un gran error, pues, aunque durante varias noches el llanto dejó de escucharse y mi familia lo notó, e incluso estaban de mejor humor por las mañanas, era como si todo hubiera cambiado, pero en realidad estaba a punto de empeorar.
Una noche mientras cenábamos comenzamos a escuchar pequeños pasos en el segundo piso de la casa, como si un niño pequeño corriera, por todas las habitaciones, con los días esos pasos se escuchaban bajar las escaleras, comenzó a correr también la planta baja, podíamos escuchar a un niño pequeño correr y reír tras nosotros.
Todo estaba empeorando rápidamente, pero mi familia aún se negaba a hablar de eso, aún no cedían a contarnos que era lo que estaba pasando, a pesar de que cierto día mi abuelo hizo el intento de hablar, mi abuela lo calló inmediatamente diciendo que eso no le incumbía a nadie más. Ese mismo día, mi abuela llegó con el cura del pueblo y le pidió que bendijera la casa, hizo algunas oraciones y roció agua bendita por toda la casa, pero eso pareció enfurecer al pequeño niño que vivía con nosotros, pues solo logró que durante la noche todos los platos de la cocina fueran arrojados contra el suelo, nadie se atrevió a salir de su habitación, fue hasta que amaneció cuando comenzamos a recoger todo lo que se había roto, y una vez que terminamos, por fin mis abuelos y tíos se decidieron a contar lo que ni mi hermana ni yo sabíamos, mucho tiempo atrás cuando mis tíos aún eran unos niños y mi tío Javier era el mayor con apenas doce años se quedó a cargo por una noche de todos sus hermanos, pues mi abuela estaba teniendo problemas de salud y fue llevada de emergencia a un hospital en el pueblo vecino, entonces Javier, tratando de alimentar a su hermanito Ricardo de tres años, encendió la estufa para calentar algo de leche, pues no dejaba de llorar por el hambre que sentía. Sin embargo, por un descuido de mi tío Javier una servilleta de tela fue alcanzada por el fuego de la estufa, que rápidamente se propagó por toda la casa, que en aquel entonces era una pequeña choza de madera.
Mi tío logró sacar a todos sus hermanos, excepto a Ricardo quien se quedó dentro de la choza, y lo único que podían escuchar era su llanto mientras el fuego terminaba con él.
Por la mañana, mis abuelos llegaron y vieron su casa consumida por el fuego, y al no ver a Ricardo por ningún lado entendieron lo que había sucedido, nunca tocaron el tema, y nadie culpó a Javier, pero solo era un niño, pero él se sentía culpable, tanto que varios meces después de la muerte de su hermano decidió tratar de hablarle, de disculparse. Durante la noche salió al patio y comenzó a pedirle que volviera para que hablaran, lo pidió tanto y durante tantas noches que en cierta ocasión comenzó a escuchar un llanto entre los cultivos, el mismo llanto de su hermano, lo sabía porque jamás olvidaría ese sonido, en el fondo sabía que no podía ser él, su hermano se había ido y no iba a regresar nunca y el hecho de escuchar su llanto le heló la sangre.
Pasaron las noches y el llanto continuaba, cada vez más cerca de la casa, en el centro del patio, donde solía estar la choza de madera, fue donde el llanto permaneció durante tantos años, en ese tiempo habían tratado de todo, incluso vender la propiedad, pero cada vez que estaban por cerrar el trato los compradores se echaban para atrás o sucedía algo que impedía la venta.
El cura del pueblo no logró nada, incluso chamanes de pueblos vecinos solo causaban que el llanto aumentara en tiempo, por esa razón decidieron nunca hablar de ello, y había funcionado en cierta forma, hasta que yo cometí el error de querer hablar con eso, digo “eso” porque definitivamente no era Ricardo, eso era algo malvado que si bien no nos había hecho daño nos mantenía en un constante miedo, como si se alimentara de eso.
Incluso ahora esa presencia sigue atormentándonos, mis tíos han formado sus familias y se han ido, incluso mi hermana se fue a estudiar a otro lado, solo quedamos mis abuelos, mi tío Javier y yo, pero estoy seguro de que esa cosa viene por mi tío, es a él a quien quiere, desde que lo llamó hace tantos años. Sin embargo, él no puede irse, no ha podido hacer una familia, no ha podido ser feliz, lo mantiene aquí, como una especie de castigo. Tal vez algún día yo también deba irme de aquí, pero temo por mis abuelos, temo que mi tío no sea capaz de protegerlos, aunque también me preocupa que el cometa alguna tontería creyendo que con eso nos puede librar de todo esto.
No sé cuánto tiempo más permanecerá dentro de la casa o si en algún momento nos hará daño, pero cada vez son más frecuentes las voces, las sombras, y sentir como alguien nos toca la espalda cuando estamos distraídos. Los pasos afuera de las habitaciones continúan, pero hay ocasiones en que las puertas son cruzadas y el miedo nos sigue cada noche, a veces a todos, a veces solo a uno.
Quisiera buscar ayuda, pero si hasta ahora nada sirvió no sé qué hacer o a donde ir.
La misma noche en que me tomé el tiempo para escribir, esto fue casi imposible terminarlo, era como si alguien lo impidiera, comenzó con fallas de electricidad; se iba la luz, se descargaba mi celular, el poco internet al que tenemos acceso desaparecía, pero no desistí, después algunos objetos cayeron de su lugar o fueron lanzados e incluso escucho varios susurros.
Pienso que solo haga enojar más a esta cosa que se aloja en nuestra casa y puede ser que provoque que nos dañe, no quiero poner en más riesgo a mi familia, pero estoy desesperado y creo firmemente que esta podría ser la única forma de encontrar ayuda y espero que así sea.
 
Autor: Andrea Lezama
Derechos Reservados

Share this post

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


Historias de Terror